sábado 11 de octubre de 2008
El Taj Mahal
por: Gasparín-> Te invito a conocer más en: “Noticias raras del más allá y del más acá”.
Además de sus maravillas arquitectónicas, el Taj Mahal esconde una historia de amor de película. Corría el año 1610 cuando el emperador Shah Jahan incorporó a su harem a una muchacha llamada Arjumand Banu.
Su belleza era deslumbrante; se dice que esta jovencita de tan sólo 19 años era tan hermosa que todos en el palacio la llamaban Mumtaz Mahal, que significa precisamente “orgullo del palacio”. Por supuesto, el emperador quedó perdidamente enamorado de Banu, y la convirtió… en su esposa favorita.
El casamiento se celebró el 30 de abril de 1612. Pero las vueltas de la vida son verdaderamente inciertas: cuando la chica murió tan sólo 18 años después, dando a luz al hijo número catorce de la feliz pareja, el emperador quedó hundido en un pozo depresivo de tal magnitud que prohibió todo tipo de música y bebida a sus súbditos por un lapso de dos largos años. Las órdenes debían cumplirse sí o sí; quienes no las obedezcan, serían ejecutados automáticamente.
En homenaje a su amada, y sin encontrar consuelo en ninguna parte, Jahan entonces decidió construir el más hermoso de los mausoleos. Así fue como nació el Taj Mahal, en cuyo interior descansan los restos del emperador y de su adorada esposa.
En la actualidad, miles de turistas recorren este símbolo de amor quienes seguramente recordarán como la describió Rabindranath Tagore: “una lágrima en la mejilla del tiempo”.
Articulo anterior de este autor: Dieta Según La Medicina Tradicional China
Para recibir mas articulos como este, Subscribete gratis a Publicalpha por Email
Para: Publicalpha.com
Además de sus maravillas arquitectónicas, el Taj Mahal esconde una historia de amor de película. Corría el año 1610 cuando el emperador Shah Jahan incorporó a su harem a una muchacha llamada Arjumand Banu.
Su belleza era deslumbrante; se dice que esta jovencita de tan sólo 19 años era tan hermosa que todos en el palacio la llamaban Mumtaz Mahal, que significa precisamente “orgullo del palacio”. Por supuesto, el emperador quedó perdidamente enamorado de Banu, y la convirtió… en su esposa favorita.
El casamiento se celebró el 30 de abril de 1612. Pero las vueltas de la vida son verdaderamente inciertas: cuando la chica murió tan sólo 18 años después, dando a luz al hijo número catorce de la feliz pareja, el emperador quedó hundido en un pozo depresivo de tal magnitud que prohibió todo tipo de música y bebida a sus súbditos por un lapso de dos largos años. Las órdenes debían cumplirse sí o sí; quienes no las obedezcan, serían ejecutados automáticamente.
En homenaje a su amada, y sin encontrar consuelo en ninguna parte, Jahan entonces decidió construir el más hermoso de los mausoleos. Así fue como nació el Taj Mahal, en cuyo interior descansan los restos del emperador y de su adorada esposa.
En la actualidad, miles de turistas recorren este símbolo de amor quienes seguramente recordarán como la describió Rabindranath Tagore: “una lágrima en la mejilla del tiempo”.
Articulo anterior de este autor: Dieta Según La Medicina Tradicional China
Para recibir mas articulos como este, Subscribete gratis a Publicalpha por Email
Para: Publicalpha.com
Etiquetas:
HISTORIAS DE AMOR
viernes 10 de octubre de 2008
Recomendaciones Para La Relacion
Por: Danjeil -> Visita Mi Blog para una relacion duradera con tu pareja
No luchen contra su pareja. Recuerden que esta es la persona que aman, no es su enemigo. Solo están peleando consigo mismos de todas maneras.
No se defiendan y no ataquen a su pareja (de modo alguno) – el amor no es una guerra. No jueguen el juego de la culpa, nada es culpa de ellos, todo sucede mutuamente, todos co-creamos eventos para nuestro despertar.
No proyecten que su pareja deba hacer algo, o no hacer algo. Ustedes no son una víctima. Su satisfacción, seguridad y felicidad no dependen de las acciones de otro. No pueden cambiar los patrones de la relación. Solo pueden cambiar sus patrones individuales, de ese modo cambiando la relación.
Su ego, emociones y cuerpo mental querrán luchar porque sentimos que nuestra pareja “no está haciendo lo suficientemente bien en satisfacer nuestras necesidades,” y “no nos está proporcionando lo que hemos determinado que deberían,” – de ese modo nos sentimos abandonados por ellos. Nuestros egos tratarán de manipular y controlar para deshacerse del dolor, contándole a la otra pareja de su transgresión, y hacerlos que hagan lo que queremos que hagan. La mente trata de arreglar el problema diciéndoselo a la pareja para que ellos hagan lo “correcto”.
Articulo anterior de este autor: Honrar la realidad de su pareja
Para recibir mas articulos como este, Subscribete gratis a Publicalpha por Email
Para: Publicalpha.com
No luchen contra su pareja. Recuerden que esta es la persona que aman, no es su enemigo. Solo están peleando consigo mismos de todas maneras.
No se defiendan y no ataquen a su pareja (de modo alguno) – el amor no es una guerra. No jueguen el juego de la culpa, nada es culpa de ellos, todo sucede mutuamente, todos co-creamos eventos para nuestro despertar.
No proyecten que su pareja deba hacer algo, o no hacer algo. Ustedes no son una víctima. Su satisfacción, seguridad y felicidad no dependen de las acciones de otro. No pueden cambiar los patrones de la relación. Solo pueden cambiar sus patrones individuales, de ese modo cambiando la relación.
Su ego, emociones y cuerpo mental querrán luchar porque sentimos que nuestra pareja “no está haciendo lo suficientemente bien en satisfacer nuestras necesidades,” y “no nos está proporcionando lo que hemos determinado que deberían,” – de ese modo nos sentimos abandonados por ellos. Nuestros egos tratarán de manipular y controlar para deshacerse del dolor, contándole a la otra pareja de su transgresión, y hacerlos que hagan lo que queremos que hagan. La mente trata de arreglar el problema diciéndoselo a la pareja para que ellos hagan lo “correcto”.
Articulo anterior de este autor: Honrar la realidad de su pareja
Para recibir mas articulos como este, Subscribete gratis a Publicalpha por Email
Para: Publicalpha.com
Etiquetas:
relación de pareja
martes 7 de octubre de 2008
sábado 4 de octubre de 2008
El Ruisenor y la Rosa


En mi infancia me encantaba ver a mi querido tío Miguel leyendo sus libros. Me gustaba ir y recostarme a su lado y escuchar lo que me leía. Había un cuento en especial que me encantaba y cuando yo aprendí a leer lo leía una y otra vez. Y nuevamente volvía a vivir al lado del estudiante su ilusión, su pasión, su entrega y su desilusión. Y volvía a sorprenderme e indignarme al imaginar a aquel pequeño ruiseñor muriendo en nombre del amor.
a continuación comparto este excelente cuento de los muchos que escribió Oscar Wilde
El ruiseñor y la rosa
Oscar Wilde
-Dijo que bailaría conmigo si le llevaba una rosa roja -se lamentaba el joven estudiante-, pero no hay una solo rosa roja en todo mi jardín.
Desde su nido de la encina, oyóle el ruiseñor. Miró por entre las hojas asombrado.
-¡No hay ni una rosa roja en todo mi jardín! -gritaba el estudiante.
Y sus bellos ojos se llenaron de llanto.
-¡Ah, de qué cosa más insignificante depende la felicidad! He leído cuanto han escrito los sabios; poseo todos los secretos de la filosofía y encuentro mi vida destrozada por carecer de una rosa roja.
-He aquí, por fin, el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Le he cantado todas las noches, aún sin conocerlo; todas las noches les cuento su historia a las estrellas, y ahora lo veo. Su cabellera es oscura como la flor del jacinto y sus labios rojos como la rosa que desea; pero la pasión lo ha puesto pálido como el marfil y el dolor ha sellado su frente.
-El príncipe da un baile mañana por la noche -murmuraba el joven estudiante-, y mi amada asistirá a la fiesta. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja, la tendré en mis brazos, reclinará su cabeza sobre mi hombro y su mano estrechará la mía. Pero no hay rosas rojas en mi jardín. Por lo tanto, tendré que estar solo y no me hará ningún caso. No se fijará en mí para nada y se destrozará mi corazón.
-He aquí el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Sufre todo lo que yo canto: todo lo que es alegría para mí es pena para él. Realmente el amor es algo maravilloso: es más bello que las esmeraldas y más raro que los finos ópalos. Perlas y rubíes no pueden pagarlo porque no se halla expuesto en el mercado. No puede uno comprarlo al vendedor ni ponerlo en una balanza para adquirirlo a peso de oro.
-Los músicos estarán en su estrado -decía el joven estudiante-. Tocarán sus instrumentos de cuerda y mi adorada bailará a los sones del arpa y del violín. Bailará tan vaporosamente que su pie no tocará el suelo, y los cortesanos con sus alegres atavíos la rodearán solícitos; pero conmigo no bailará, porque no tengo rosas rojas que darle.
Y dejándose caer en el césped, se cubría la cara con las manos y lloraba.
-¿Por qué llora? -preguntó la lagartija verde, correteando cerca de él, con la cola levantada.
-Si, ¿por qué? -decía una mariposa que revoloteaba persiguiendo un rayo de sol.
-Eso digo yo, ¿por qué? -murmuró una margarita a su vecina, con una vocecilla tenue.
-Llora por una rosa roja.
-¿Por una rosa roja? ¡Qué tontería!
Y la lagartija, que era algo cínica, se echo a reír con todas sus ganas.
Pero el ruiseñor, que comprendía el secreto de la pena del estudiante, permaneció silencioso en la encina, reflexionando sobre el misterio del amor.
De pronto desplegó sus alas oscuras y emprendió el vuelo.
Pasó por el bosque como una sombra, y como una sombra atravesó el jardín.
En el centro del prado se levantaba un hermoso rosal, y al verle, voló hacia él y se posó sobre una ramita.
-Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el rosal meneó la cabeza.
-Mis rosas son blancas -contestó-, blancas como la espuma del mar, más blancas que la nieve de la montaña. Ve en busca del hermano mío que crece alrededor del viejo reloj de sol y quizá el te dé lo que quieres.
Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía entorno del viejo reloj de sol.
-Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el rosal meneó la cabeza.
-Mis rosas son amarillas -respondió-, tan amarillas como los cabellos de las sirenas que se sientan sobre un tronco de árbol, más amarillas que el narciso que florece en los prados antes de que llegue el segador con la hoz. Ve en busca de mi hermano, el que crece debajo de la ventana del estudiante, y quizá el te dé lo que quieres.
Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía debajo de la ventana del estudiante.
-Dame una rosa roja -le gritó-, y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el arbusto meneó la cabeza.
-Mis rosas son rojas -respondió-, tan rojas como las patas de las palomas, más rojas que los grandes abanicos de coral que el océano mece en sus abismos; pero el invierno ha helado mis venas, la escarcha ha marchitado mis botones, el huracán ha partido mis ramas, y no tendré más rosas este año.
-No necesito más que una rosa roja -gritó el ruiseñor-, una sola rosa roja. ¿No hay ningún medio para que yo la consiga?
-Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.
-Dímelo -contestó el ruiseñor-. No soy miedoso.
-Si necesitas una rosa roja -dijo el rosal -, tienes que hacerla con notas de música al claro de luna y teñirla con sangre de tu propio corazón. Cantarás para mí con el pecho apoyado en mis espinas. Cantarás para mí durante toda la noche y las espinas te atravesarán el corazón: la sangre de tu vida correrá por mis venas y se convertirá en sangre mía.
-La muerte es un buen precio por una rosa roja -replicó el ruiseñor-, y todo el mundo ama la vida. Es grato posarse en el bosque verdeante y mirar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perlas. Suave es el aroma de los nobles espinos. Dulces son las campanillas que se esconden en el valle y los brezos que cubren la colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida. ¿Y qué es el corazón de un pájaro comparado con el de un hombre?
Entonces desplegó sus alas obscuras y emprendió el vuelo. Pasó por el jardín como una sombra y como una sombra cruzó el bosque.
El joven estudiante permanecía tendido sobre el césped allí donde el ruiseñor lo dejó y las lágrimas no se habían secado aún en sus bellos ojos.
-Sé feliz -le gritó el ruiseñor-, sé feliz; tendrás tu rosa roja. La crearé con notas de música al claro de luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Lo único que te pido, en cambio, es que seas un verdadero enamorado, porque el amor es más sabio que la filosofía, aunque ésta sea sabia; más fuerte que el poder, por fuerte que éste lo sea. Sus alas son color de fuego y su cuerpo color de llama; sus labios son dulces como la miel y su hálito es como el incienso.
El estudiante levantó los ojos del césped y prestó atención; pero no pudo comprender lo que le decía el ruiseñor, pues sólo sabía las cosas que están escritas en los libros.
Pero la encina lo comprendió y se puso triste, porque amaba mucho al ruiseñor que había construido su nido en sus ramas.
-Cántame la última canción -murmuró-. ¡Me quedaré tan triste cuando te vayas!
Entonces el ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que ríe en una fuente argentina.
Al terminar la canción, el estudiante se levantó, sacando al mismo tiempo su cuaderno de notas y su lápiz.
"El ruiseñor -se decía paseándose por la alameda-, el ruiseñor posee una belleza innegable, ¿pero siente? Me temo que no. Después de todo, es como muchos artistas: puro estilo, exento de sinceridad. No se sacrifica por los demás. No piensa más que en la música y en el arte; como todo el mundo sabe, es egoísta. Ciertamente, no puede negarse que su garganta tiene notas bellísimas. ¿Que lástima que todo eso no tenga sentido alguno, que no persiga ningún fin práctico!"
Y volviendo a su habitación, se acostó sobre su jergoncillo y se puso a pensar en su adorada.
Al poco rato se quedo dormido.
Y cuando la luna brillaba en los cielos, el ruiseñor voló al rosal y colocó su pecho contra las espinas.
Y toda la noche cantó con el pecho apoyado sobre las espinas, y la fría luna de cristal se detuvo y estuvo escuchando toda la noche.
Cantó durante toda la noche, y las espinas penetraron cada vez más en su pecho, y la sangre de su vida fluía de su pecho.
Al principio cantó el nacimiento del amor en el corazón de un joven y de una muchacha, y sobre la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo, canción tras canción.
Primero era pálida como la bruma que flota sobre el río, pálida como los pies de la mañana y argentada como las alas de la aurora.
La rosa que florecía sobre la rama más alta del rosal parecía la sombra de una rosa en un espejo de plata, la sombra de la rosa en un lago.
Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.
-Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.
Entonces el ruiseñor se apretó más contra las espinas y su canto fluyó más sonoro, porque cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y de una virgen.
Y un delicado rubor apareció sobre los pétalos de la rosa, lo mismo que enrojece la cara de un enamorado que besa los labios de su prometida.
Pero las espinas no habían llegado aún al corazón del ruiseñor; por eso el corazón de la rosa seguía blanco: porque sólo la sangre de un ruiseñor puede colorear el corazón de una rosa.
Y el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.
-Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.
Entonces el ruiseñor se apretó aún más contra las espinas, y las espinas tocaron su corazón y él sintió en su interior un cruel tormento de dolor.
Cuanto más acerbo era su dolor, más impetuoso salía su canto, porque cantaba el amor sublimado por la muerte, el amor que no termina en la tumba.
Y la rosa maravillosa enrojeció como las rosas de Bengala. Purpúreo era el color de los pétalos y purpúreo como un rubí era su corazón.
Pero la voz del ruiseñor desfalleció. Sus breves alas empezaron a batir y una nube se extendió sobre sus ojos.
Su canto se fue debilitando cada vez más. Sintió que algo se le ahogaba en la garganta.
Entonces su canto tuvo un último destello. La blanca luna le oyó y olvidándose de la aurora se detuvo en el cielo.
La rosa roja le oyó; tembló toda ella de arrobamiento y abrió sus pétalos al aire frío del alba.
El eco le condujo hacia su caverna purpúrea de las colinas, despertando de sus sueños a los rebaños dormidos.
El canto flotó entre los cañaverales del río, que llevaron su mensaje al mar.
-Mira, mira -gritó el rosal-, ya está terminada la rosa.
Pero el ruiseñor no respondió; yacía muerto sobre las altas hierbas, con el corazón traspasado de espinas.
A medio día el estudiante abrió su ventana y miró hacia afuera.
-¡Qué extraña buena suerte! -exclamó-. ¡He aquí una rosa roja! No he visto rosa semejante en toda vida. Es tan bella que estoy seguro de que debe tener en latín un nombre muy enrevesado.
E inclinándose, la cogió.
Inmediatamente se puso el sombrero y corrió a casa del profesor, llevando en su mano la rosa.
La hija del profesor estaba sentada a la puerta. Devanaba seda azul sobre un carrete, con un perrito echado a sus pies.
-Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja -le dijo el estudiante-. He aquí la rosa más roja del mundo. Esta noche la prenderás cerca de tu corazón, y cuando bailemos juntos, ella te dirá cuanto te quiero.
Pero la joven frunció las cejas.
-Temo que esta rosa no armonice bien con mi vestido -respondió-. Además, el sobrino del chambelán me ha enviado varias joyas de verdad, y ya se sabe que las joyas cuestan más que las flores.
-¡Oh, qué ingrata eres! -dijo el estudiante lleno de cólera.
Y tiró la rosa al arroyo.
Un pesado carro la aplastó.
-¡Ingrato! -dijo la joven-. Te diré que te portas como un grosero; y después de todo, ¿qué eres? Un simple estudiante. ¡Bah! No creo que puedas tener nunca hebillas de plata en los zapatos como las del sobrino del chambelán.
Y levantándose de su silla, se metió en su casa.
"¡Qué tontería es el amor! -se decía el estudiante a su regreso-. No es ni la mitad de útil que la lógica, porque no puede probar nada; habla siempre de cosas que no sucederán y hace creer a la gente cosas que no son ciertas. Realmente, no es nada práctico, y como en nuestra época todo estriba en ser práctico, voy a volver a la filosofía y al estudio de la metafísica."
Y dicho esto, el estudiante, una vez en su habitación, abrió un gran libro polvoriento y se puso a leer.
-Dijo que bailaría conmigo si le llevaba una rosa roja -se lamentaba el joven estudiante-, pero no hay una solo rosa roja en todo mi jardín.
Desde su nido de la encina, oyóle el ruiseñor. Miró por entre las hojas asombrado.
-¡No hay ni una rosa roja en todo mi jardín! -gritaba el estudiante.
Y sus bellos ojos se llenaron de llanto.
-¡Ah, de qué cosa más insignificante depende la felicidad! He leído cuanto han escrito los sabios; poseo todos los secretos de la filosofía y encuentro mi vida destrozada por carecer de una rosa roja.
-He aquí, por fin, el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Le he cantado todas las noches, aún sin conocerlo; todas las noches les cuento su historia a las estrellas, y ahora lo veo. Su cabellera es oscura como la flor del jacinto y sus labios rojos como la rosa que desea; pero la pasión lo ha puesto pálido como el marfil y el dolor ha sellado su frente.
-El príncipe da un baile mañana por la noche -murmuraba el joven estudiante-, y mi amada asistirá a la fiesta. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja, la tendré en mis brazos, reclinará su cabeza sobre mi hombro y su mano estrechará la mía. Pero no hay rosas rojas en mi jardín. Por lo tanto, tendré que estar solo y no me hará ningún caso. No se fijará en mí para nada y se destrozará mi corazón.
-He aquí el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Sufre todo lo que yo canto: todo lo que es alegría para mí es pena para él. Realmente el amor es algo maravilloso: es más bello que las esmeraldas y más raro que los finos ópalos. Perlas y rubíes no pueden pagarlo porque no se halla expuesto en el mercado. No puede uno comprarlo al vendedor ni ponerlo en una balanza para adquirirlo a peso de oro.
-Los músicos estarán en su estrado -decía el joven estudiante-. Tocarán sus instrumentos de cuerda y mi adorada bailará a los sones del arpa y del violín. Bailará tan vaporosamente que su pie no tocará el suelo, y los cortesanos con sus alegres atavíos la rodearán solícitos; pero conmigo no bailará, porque no tengo rosas rojas que darle.
Y dejándose caer en el césped, se cubría la cara con las manos y lloraba.
-¿Por qué llora? -preguntó la lagartija verde, correteando cerca de él, con la cola levantada.
-Si, ¿por qué? -decía una mariposa que revoloteaba persiguiendo un rayo de sol.
-Eso digo yo, ¿por qué? -murmuró una margarita a su vecina, con una vocecilla tenue.
-Llora por una rosa roja.
-¿Por una rosa roja? ¡Qué tontería!
Y la lagartija, que era algo cínica, se echo a reír con todas sus ganas.
Pero el ruiseñor, que comprendía el secreto de la pena del estudiante, permaneció silencioso en la encina, reflexionando sobre el misterio del amor.
De pronto desplegó sus alas oscuras y emprendió el vuelo.
Pasó por el bosque como una sombra, y como una sombra atravesó el jardín.
En el centro del prado se levantaba un hermoso rosal, y al verle, voló hacia él y se posó sobre una ramita.
-Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el rosal meneó la cabeza.
-Mis rosas son blancas -contestó-, blancas como la espuma del mar, más blancas que la nieve de la montaña. Ve en busca del hermano mío que crece alrededor del viejo reloj de sol y quizá el te dé lo que quieres.
Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía entorno del viejo reloj de sol.
-Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el rosal meneó la cabeza.
-Mis rosas son amarillas -respondió-, tan amarillas como los cabellos de las sirenas que se sientan sobre un tronco de árbol, más amarillas que el narciso que florece en los prados antes de que llegue el segador con la hoz. Ve en busca de mi hermano, el que crece debajo de la ventana del estudiante, y quizá el te dé lo que quieres.
Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía debajo de la ventana del estudiante.
-Dame una rosa roja -le gritó-, y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el arbusto meneó la cabeza.
-Mis rosas son rojas -respondió-, tan rojas como las patas de las palomas, más rojas que los grandes abanicos de coral que el océano mece en sus abismos; pero el invierno ha helado mis venas, la escarcha ha marchitado mis botones, el huracán ha partido mis ramas, y no tendré más rosas este año.
-No necesito más que una rosa roja -gritó el ruiseñor-, una sola rosa roja. ¿No hay ningún medio para que yo la consiga?
-Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.
-Dímelo -contestó el ruiseñor-. No soy miedoso.
-Si necesitas una rosa roja -dijo el rosal -, tienes que hacerla con notas de música al claro de luna y teñirla con sangre de tu propio corazón. Cantarás para mí con el pecho apoyado en mis espinas. Cantarás para mí durante toda la noche y las espinas te atravesarán el corazón: la sangre de tu vida correrá por mis venas y se convertirá en sangre mía.
-La muerte es un buen precio por una rosa roja -replicó el ruiseñor-, y todo el mundo ama la vida. Es grato posarse en el bosque verdeante y mirar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perlas. Suave es el aroma de los nobles espinos. Dulces son las campanillas que se esconden en el valle y los brezos que cubren la colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida. ¿Y qué es el corazón de un pájaro comparado con el de un hombre?
Entonces desplegó sus alas obscuras y emprendió el vuelo. Pasó por el jardín como una sombra y como una sombra cruzó el bosque.
El joven estudiante permanecía tendido sobre el césped allí donde el ruiseñor lo dejó y las lágrimas no se habían secado aún en sus bellos ojos.
-Sé feliz -le gritó el ruiseñor-, sé feliz; tendrás tu rosa roja. La crearé con notas de música al claro de luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Lo único que te pido, en cambio, es que seas un verdadero enamorado, porque el amor es más sabio que la filosofía, aunque ésta sea sabia; más fuerte que el poder, por fuerte que éste lo sea. Sus alas son color de fuego y su cuerpo color de llama; sus labios son dulces como la miel y su hálito es como el incienso.
El estudiante levantó los ojos del césped y prestó atención; pero no pudo comprender lo que le decía el ruiseñor, pues sólo sabía las cosas que están escritas en los libros.
Pero la encina lo comprendió y se puso triste, porque amaba mucho al ruiseñor que había construido su nido en sus ramas.
-Cántame la última canción -murmuró-. ¡Me quedaré tan triste cuando te vayas!
Entonces el ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que ríe en una fuente argentina.
Al terminar la canción, el estudiante se levantó, sacando al mismo tiempo su cuaderno de notas y su lápiz.
"El ruiseñor -se decía paseándose por la alameda-, el ruiseñor posee una belleza innegable, ¿pero siente? Me temo que no. Después de todo, es como muchos artistas: puro estilo, exento de sinceridad. No se sacrifica por los demás. No piensa más que en la música y en el arte; como todo el mundo sabe, es egoísta. Ciertamente, no puede negarse que su garganta tiene notas bellísimas. ¿Que lástima que todo eso no tenga sentido alguno, que no persiga ningún fin práctico!"
Y volviendo a su habitación, se acostó sobre su jergoncillo y se puso a pensar en su adorada.
Al poco rato se quedo dormido.
Y cuando la luna brillaba en los cielos, el ruiseñor voló al rosal y colocó su pecho contra las espinas.
Y toda la noche cantó con el pecho apoyado sobre las espinas, y la fría luna de cristal se detuvo y estuvo escuchando toda la noche.
Cantó durante toda la noche, y las espinas penetraron cada vez más en su pecho, y la sangre de su vida fluía de su pecho.
Al principio cantó el nacimiento del amor en el corazón de un joven y de una muchacha, y sobre la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo, canción tras canción.
Primero era pálida como la bruma que flota sobre el río, pálida como los pies de la mañana y argentada como las alas de la aurora.
La rosa que florecía sobre la rama más alta del rosal parecía la sombra de una rosa en un espejo de plata, la sombra de la rosa en un lago.
Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.
-Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.
Entonces el ruiseñor se apretó más contra las espinas y su canto fluyó más sonoro, porque cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y de una virgen.
Y un delicado rubor apareció sobre los pétalos de la rosa, lo mismo que enrojece la cara de un enamorado que besa los labios de su prometida.
Pero las espinas no habían llegado aún al corazón del ruiseñor; por eso el corazón de la rosa seguía blanco: porque sólo la sangre de un ruiseñor puede colorear el corazón de una rosa.
Y el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.
-Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.
Entonces el ruiseñor se apretó aún más contra las espinas, y las espinas tocaron su corazón y él sintió en su interior un cruel tormento de dolor.
Cuanto más acerbo era su dolor, más impetuoso salía su canto, porque cantaba el amor sublimado por la muerte, el amor que no termina en la tumba.
Y la rosa maravillosa enrojeció como las rosas de Bengala. Purpúreo era el color de los pétalos y purpúreo como un rubí era su corazón.
Pero la voz del ruiseñor desfalleció. Sus breves alas empezaron a batir y una nube se extendió sobre sus ojos.
Su canto se fue debilitando cada vez más. Sintió que algo se le ahogaba en la garganta.
Entonces su canto tuvo un último destello. La blanca luna le oyó y olvidándose de la aurora se detuvo en el cielo.
La rosa roja le oyó; tembló toda ella de arrobamiento y abrió sus pétalos al aire frío del alba.
El eco le condujo hacia su caverna purpúrea de las colinas, despertando de sus sueños a los rebaños dormidos.
El canto flotó entre los cañaverales del río, que llevaron su mensaje al mar.
-Mira, mira -gritó el rosal-, ya está terminada la rosa.
Pero el ruiseñor no respondió; yacía muerto sobre las altas hierbas, con el corazón traspasado de espinas.
A medio día el estudiante abrió su ventana y miró hacia afuera.
-¡Qué extraña buena suerte! -exclamó-. ¡He aquí una rosa roja! No he visto rosa semejante en toda vida. Es tan bella que estoy seguro de que debe tener en latín un nombre muy enrevesado.
E inclinándose, la cogió.
Inmediatamente se puso el sombrero y corrió a casa del profesor, llevando en su mano la rosa.
La hija del profesor estaba sentada a la puerta. Devanaba seda azul sobre un carrete, con un perrito echado a sus pies.
-Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja -le dijo el estudiante-. He aquí la rosa más roja del mundo. Esta noche la prenderás cerca de tu corazón, y cuando bailemos juntos, ella te dirá cuanto te quiero.
Pero la joven frunció las cejas.
-Temo que esta rosa no armonice bien con mi vestido -respondió-. Además, el sobrino del chambelán me ha enviado varias joyas de verdad, y ya se sabe que las joyas cuestan más que las flores.
-¡Oh, qué ingrata eres! -dijo el estudiante lleno de cólera.
Y tiró la rosa al arroyo.
Un pesado carro la aplastó.
-¡Ingrato! -dijo la joven-. Te diré que te portas como un grosero; y después de todo, ¿qué eres? Un simple estudiante. ¡Bah! No creo que puedas tener nunca hebillas de plata en los zapatos como las del sobrino del chambelán.
Y levantándose de su silla, se metió en su casa.
"¡Qué tontería es el amor! -se decía el estudiante a su regreso-. No es ni la mitad de útil que la lógica, porque no puede probar nada; habla siempre de cosas que no sucederán y hace creer a la gente cosas que no son ciertas. Realmente, no es nada práctico, y como en nuestra época todo estriba en ser práctico, voy a volver a la filosofía y al estudio de la metafísica."
Y dicho esto, el estudiante, una vez en su habitación, abrió un gran libro polvoriento y se puso a leer.
Etiquetas:
cuentos de amor
Una Bella Historia de Amor


Una bella historia de amor fué la protagonizada por Elizabeth Barret y Robert Browning. Ella una mujer muy inteligente, poetiza y aquejada de una enfermedad en plena adolescencia. Al parecer era tuberculosis. Sus padres la trataron como una inválida; situación que la alejó del mundo. Su vida transcurría dentro de su casa hasta que un día.... El cartero llamó al número 50 de la calle Wimpole. Casi siempre Elizabeth recibía cartas de personas que le escribían con respecto a sus poemas o de algunos admiradores las cuales arrojaba al fuego. Pero... esta carta no fué quemada. Y sin siquiera imaginarlo esa carta iba a ser la que cambiara el rumbo de su existencia.
"Amo sus versos con todo mi corazón, querida señorita Barret, y la amo a usted también"?Sabe que una vez estuve a punto de conocerla personalmente? El señor Kenyon me dijo una mañana. ?Quiere conocer a la señorita Barret? y fue a anunciarme, pero al poco tiempo volvió diciéndome que usted no se sentía bien. Regresé desconsolado a mi casa ?Nunca la podré ver?
"De todos modos quiero decirle que era necesario que sus poemas se escribieran y que despertaran el agradecido y sincero entusiasmo y la alegría de un devoto admirador.
Robert Browning" (Eso es a lo que yo llamo enamorarse de la esencia de una persona)
Elizabeth sólo conocía a Robert por su obra poética. Desde ese momento ella sintió que había iniciado una relación personal con ese hombre tan especial.
Elizabeth contestó a esa carta inmediatamente.
"Gracias de todo corazón, señor Browning... Los inviernos me cierran todo horizonte, como cierran los ojos del lirón... En la primavera veremos. Elogió de nuevo sus poemas y terminó: Su agradecida y sincera amiga, Elizabeth Barret."
De esta manera inició una correspondencia amorosa sin precedentes en la historia de la literatura. Las cartas suman en total 573 y muestran una de las historias mas bellas de amor.
Robert era un hombre, guapo, inteligente, preparado y libre. Dedicaba su tiempo a escribir versos. Le gustaba viajar. Después de un vaje que realizó a Inglaterra Robert se sentía desconcertado y sentía la necesidad de encontrar un ideal que le diera sentido a su vida. Fué en esa época que inició la lectura de la obra de Elizabeth la cual lo cautivó. El, que se creía incapaz de amar a alguna mujer.
"Amo sus versos con todo mi corazón, querida señorita Barret, y la amo a usted también"?Sabe que una vez estuve a punto de conocerla personalmente? El señor Kenyon me dijo una mañana. ?Quiere conocer a la señorita Barret? y fue a anunciarme, pero al poco tiempo volvió diciéndome que usted no se sentía bien. Regresé desconsolado a mi casa ?Nunca la podré ver?
"De todos modos quiero decirle que era necesario que sus poemas se escribieran y que despertaran el agradecido y sincero entusiasmo y la alegría de un devoto admirador.
Robert Browning" (Eso es a lo que yo llamo enamorarse de la esencia de una persona)
Elizabeth sólo conocía a Robert por su obra poética. Desde ese momento ella sintió que había iniciado una relación personal con ese hombre tan especial.
Elizabeth contestó a esa carta inmediatamente.
"Gracias de todo corazón, señor Browning... Los inviernos me cierran todo horizonte, como cierran los ojos del lirón... En la primavera veremos. Elogió de nuevo sus poemas y terminó: Su agradecida y sincera amiga, Elizabeth Barret."
De esta manera inició una correspondencia amorosa sin precedentes en la historia de la literatura. Las cartas suman en total 573 y muestran una de las historias mas bellas de amor.
Robert era un hombre, guapo, inteligente, preparado y libre. Dedicaba su tiempo a escribir versos. Le gustaba viajar. Después de un vaje que realizó a Inglaterra Robert se sentía desconcertado y sentía la necesidad de encontrar un ideal que le diera sentido a su vida. Fué en esa época que inició la lectura de la obra de Elizabeth la cual lo cautivó. El, que se creía incapaz de amar a alguna mujer.
La infancia de Elizabeth fué feliz, era la mayor de 12 hermanos. Ella fué instruida en su casa. Aprendió griego y francés. Su padre era un tirano. Su madre tenía carácter débil. El padre bautizó la finca con el nombre de Hope end (el fin de la esperanza) .
Su padre se oponía a que sus hijos se casaran. ......
Esta historia continuará..... No te la pierdas
Compartimos uno de los muchos poemas que escribio elizabeth.
¿DE QUÉ MODO TE QUIERO?
¿De qué modo te quiero? Pues te quiero
hasta el abismo y la región más alta
a que puedo llegar cuando persigo
los límites del Ser y el Ideal.
Te quiero en el vivir más cotidiano,
con el sol y a la luz de una candela.
Con libertad, como se aspira al Bien;
con la inocencia del que ansía gloria.
Te quiero con la fiebre que antes puse
en mi dolor y con mi fe de niña,
con el amor que yo creí perder
al perder a mis santos... Con las lágrimas
y el sonreír de mi vida... Y si Dios quiere,
te querré mucho más tras de la muerte.
Versión de Carlos Pujol
¿DE QUÉ MODO TE QUIERO?
¿De qué modo te quiero? Pues te quiero
hasta el abismo y la región más alta
a que puedo llegar cuando persigo
los límites del Ser y el Ideal.
Te quiero en el vivir más cotidiano,
con el sol y a la luz de una candela.
Con libertad, como se aspira al Bien;
con la inocencia del que ansía gloria.
Te quiero con la fiebre que antes puse
en mi dolor y con mi fe de niña,
con el amor que yo creí perder
al perder a mis santos... Con las lágrimas
y el sonreír de mi vida... Y si Dios quiere,
te querré mucho más tras de la muerte.
Versión de Carlos Pujol
Etiquetas:
HISTORIAS DE AMOR
Tus ojos

Me gustan tus ojos
tus ojos son los que me gustan,
me deleitan y me hipnotizan
paralizan mi sentir
tus ojos son los que me gustan,
me deleitan y me hipnotizan
paralizan mi sentir
Movilizan mi sentir
no es su color, ni su forma
?Será su brillo?
o ?habrá en ellos algo especial?
Encuentro en ellos, ?tu verdad?
o solo es el reflejo
de mi verdad?
?son tus ojos tu sinceridad?
A veces tímida, te veo asustada
a veces valiente, te veo decidida
a veces apasionada, te veo en éxtasis
a veces rendida, te veo plena
Son expresión viva de tu esencia
son multicolores, polifacéticos,
cambiantes como la vida
?Habrá algo que no cambie?
Invariable, siempre permanente y fijo
como las imágenes en el agua,
y en el espejo, que sólo es un reflejo
sin vida, muerto
Me gustan tus ojos
porque sólo son todo eso
cristales, ventanas, umbrales hermosos
que me llevan a tu alma
Conectan tu sentir, con mi sentir
acercan mi respirar y tu respirar
tu aliento y mi aliento
confunden en uno, mi ser y tu ser
Autor: Lobo agradecido
no es su color, ni su forma
?Será su brillo?
o ?habrá en ellos algo especial?
Encuentro en ellos, ?tu verdad?
o solo es el reflejo
de mi verdad?
?son tus ojos tu sinceridad?
A veces tímida, te veo asustada
a veces valiente, te veo decidida
a veces apasionada, te veo en éxtasis
a veces rendida, te veo plena
Son expresión viva de tu esencia
son multicolores, polifacéticos,
cambiantes como la vida
?Habrá algo que no cambie?
Invariable, siempre permanente y fijo
como las imágenes en el agua,
y en el espejo, que sólo es un reflejo
sin vida, muerto
Me gustan tus ojos
porque sólo son todo eso
cristales, ventanas, umbrales hermosos
que me llevan a tu alma
Conectan tu sentir, con mi sentir
acercan mi respirar y tu respirar
tu aliento y mi aliento
confunden en uno, mi ser y tu ser
Autor: Lobo agradecido
Etiquetas:
poemas de amor
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
